17 de mayo: Una reflexión sobre Homosexualidad

El 17 de Mayo es el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia, cuyo objetivo principal es el reconocimiento de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales a lo largo del planeta. Consideramos necesario reflexionar sobre la verdadera importancia y el profundo significado de esta fecha. Según una opinión bastante extendida en el mundo, lesbianas, gays, bisexuales y transexuales disfrutan hoy de mayor libertad que nunca: están presentes y son visibles en la calle, las revistas, la televisión, el cine. Teniendo en cuenta los avances legislativos que en algunos países han significado un progreso importante en los derechos civiles de la comunidad LGBT (incluido el matrimonio y la adopción en los países del norte europeo), existe una idea generalizada de la presencia de una igualdad estable y una integración casi completa de la comunidad homosexual en las diferentes sociedades del mundo. Esta concepción percibe que el simple paso del tiempo y la evolución de las mentalidades llevarán, con algunos ajustes a las leyes discriminatorias, a una situación de normalización plena, consolidándose así un proceso de lucha por la Igualdad que habría comenzado hace ya varias décadas.
Sin embargo, una mirada más atenta y contemplativa demuestra una realidad totalmente diferente. No existen dudas de que el siglo XX ha sido la época histórica que más cantidad de manifestaciones de violencia homófoba ha conocido: Deportaciones en los campos de concentración bajo el régimen nazi y en manos de la Unión Soviética, chantajes y persecuciones en los Estados Unidos en la época de McCarthy, el establecimiento de la Ley franquista de Peligrosidad Social en España (que encarcelaba a gays y lesbianas con la sola excusa de su orientación sexual), la segregación y persecución dentro de las filas de los ejércitos europeos y americanos, la denigración y humillación constante y militante por parte de las agrupaciones religiosas y a manos de las mismas autoridades de las iglesias centrales de los diferentes credos y la pena de muerte en muchos países del mundo (aún vigente en nuestros días). En nuestro país recordamos hoy los 400 homosexuales torturados y desaparecidos durante la última dictadura militar.
Aún hoy, ser gay, lesbiana, bisexual o transexual no es tarea fácil. Y no lo es en ninguna parte del mundo. Porque más allá de todas las expresiones de violencia física, verbal, ideológica o de censura contra la comunidad LGBT, hay un mal mayor, masivo e impune que afecta a la mayoría de los países del mundo siendo la Argentina un ejemplo claro. Esto es la humillación. Consideramos humillación a los actos denigratorios, muchas veces públicos, hacia el ser humano que atacan directamente a su propia dignidad. ¿Qué hay de humillante en ser gay o lesbiana? En realidad, nada. Es difícil, no obstante, para gays y lesbianas existir en un entorno en dónde términos como “puto”, “maricón”, “torta”, “pervertido/a” o “enfermo/a” son utilizados como moneda corriente para referirse a ellos. Expresiones de una homofobia concreta, en referencia al sexo anal como una degradación vergonzosa y una forma de dominación están siempre presentes en las hinchadas de fútbol, en los deportes y en los diferentes ámbitos de competencia social. Prejuicios y estereotipos que vinculan a la homosexualidad con el SIDA, el abuso sexual, la prostitución y la promiscuidad forman parte del colectivo imaginario de la mayoría de la población. La religión, en su versión más dogmática y extremista, condena la homosexualidad como un pecado “antinatural”, meritoria de ser eliminada, censurada y convertida en heterosexualidad “natural” a través de terapias de conversión que cada vez más alertan a las agrupaciones médicas de todo el mundo. La orientación sexual es pretexto muchas veces para negar o quitar empleos, oportunidades académicas o cualquier otra forma de contrato o acuerdo arrebatado por esta simple condición. No. Aún hoy, ser gay, lesbiana, bisexual o transexual no es tarea fácil.
Es quizás esa humillación silenciosa y escondida que hace que dos amantes gays sean incapaces de tomarse de la mano, darse un beso, un abrazo o cualquier manifestación de cariño en público sin despertar miradas de desprecio, desaprobación o disgusto, la más común que se debe enfrentar. Esto es posible en sociedades como la nuestra en que el machismo y el conservadurismo justifican siempre las actitudes homófobas, y la discriminación es recibida con una generalizada indiferencia y muy poca solidaridad. Y, en conjunción con esto, a veces parece que el reclamo por los derechos que le corresponden a la comunidad LGBT resulta molesto, incómodo, inapropiado y poco prioritario para gran parte del país.
La pelea por la igualdad de derechos civiles es otro tema fundamental sobre el que debemos reflexionar. Hoy en día la estamos viviendo en la Nación. Mientras la derecha más conservadora nos trata de desorientar hacia debates frívolos y superficiales como la etimología de la palabra “matrimonio” o el cuestionamiento a la posibilidad, existente y presente desde hace años, de que una persona homosexual sea capaz de criar un hijo; una nueva generación está tratando de sostener y difundir los principios de igualdad, libertad e inclusión que muy pronto serán plasmados en las leyes y códigos de nuestro país. A veces los argumentos antes mencionados son utilizados para segregar, para excluir legalmente y para constituir GHETTOS CIVILES en donde amontonar a los que son diferentes para no reconocerlos como pares iguales a los demás. La negación al reconocimiento social de la validez real de la pareja homosexual al mismo nivel que el de la pareja heterosexual es una barrera fundamental que debemos esforzarnos por quebrar en estos tiempos. Ninguna expresión de amor es mejor que otra. Ninguna persona es mejor que otra. Por eso se habla de obtener los mismos derechos y CON LOS MISMOS NOMBRES. Debemos entender que la pelea por las palabras, términos y expresiones legales está ligada inherentemente al reconocimiento social que ellas conllevan. Negar ese reconocimiento a la comunidad LGBT es un mensaje simbólico claro de que sus uniones jamás podrán tener la misma categoría, dignidad y validez que los matrimonios heterosexuales y que tampoco merecen el mismo nivel de respeto como personas. Esto es discriminar, se maquille como se maquille. Y discriminar, le pese a quien le pese, es violar Derechos Humanos.
Muchas veces, la inclusión de las minorías sexuales a la sociedad se encuentra cercenada por los mismos estereotipos y mensajes negativos con que los medios las reflejan. Vemos, incluso fuera del horario de protección al menor, estereotipos de hombres gays “afeminados” y lesbianas “machonas” por doquier. Vemos travestis y transexuales ligados permanentemente a la prostitución (realidad que a veces lamentablemente sucede, debido a que muy poca gente contrata a una mujer transexual o a un travesti). Vemos personajes excesivamente alegres, emocionalmente alterados y de capacidad mental dudosa como la norma ideal para caracterizar a una persona homosexual. Escuchamos en los noticieros crímenes ligados a miembros de la comunidad LGBT, en los que se enfatiza su condición de homosexuales para relacionarla a dichos crímenes. Los medios se esfuerzan demasiado por no retratar a una persona homosexual como un ser humano completo, racional, multidimensional y capaz. Siempre buscan la forma de distorsionar y censurar ese retrato para adaptarlo de alguna manera al estereotipo impuesto por el mismo medio social.
Hoy sabemos y tenemos que movilizarnos para hacer saber a quien aún no le llegó el mensaje, que no hay nada de malo en ser diferentes. Y esto no se logró de un día para el otro. Durante décadas, las agrupaciones médicas y psicológicas consideraban a la homosexualidad como un padecimiento, como un trastorno que debía ser tratado y propiamente curado. En la actualidad, agrupaciones conservadoras y religiosas siguen sosteniendo esta afirmación. Hoy es un día para pensar en ello y reflexionar sobre las múltiples formas bajo las cuales deberemos en el futuro cambiar esta situación. Hoy se conmemora y celebra el 17 de mayo de 1990, fecha en la que la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) suprimió definitivamente a la homosexualidad de la lista de las enfermedades mentales, con lo que se puso fin a casi un siglo de homofobia médica y de discriminación sistemática contra la comunidad LGBT. Ya en la década de los 70, la Asociación Psicológica Americana y la Asociación Médica Americana habían comenzado a impulsar la eliminación de la homosexualidad como trastorno, y hoy en día centenares de agrupaciones médicas, psicológicas, pediátricas y de bienestar social a lo largo del planeta están imitando esto. Celebrar este 17 de mayo supone reforzar la solidaridad con todas las lesbianas, gays, bisexuales y transexuales del mundo entero y reafirmar el compromiso con quienes, en cualquier parte, sufren las consecuencias de la Homofobia y la Transfobia. Es un llamado también de los que defendemos la verdad, la paz y la justicia a todas las naciones del mundo, incluido nuestro país, a inscribir este día en sus agendas oficiales y fechas conmemorativas.
No hay futuro posible si no estamos todos en su construcción. No hay democracia real en un país donde no se garantiza la igualdad plena de sus ciudadanos. No hay Derechos Humanos si estos no están directamente ligados al reconocimiento de derechos civiles y a la penalización correcta de la discriminación. Hoy la homofobia es la forma de discriminación más impune y libre a lo largo del mundo. Está incluida en los tratados internacionales, pero no ha sido aceptada en la mayoría de los diferentes países y Estados. Sería bueno que todos los actores sociales militemos en el futuro a favor de la Igualdad, dejando atrás concepciones medievales y formas de violencia que golpean día a día a la DIGNIDAD de los seres humanos con una determinada orientación sexual. Hoy es un día para abrazar la causa de los Derechos Humanos y Civiles, pilares fundamentales que deben sustentar cualquier sociedad democrática y plural. Los jóvenes de la Coalición Cívica ARI Mendoza queremos saludar además en este 17 de mayo a todos los compañeros a lo largo y a lo ancho del país que militan con el trabajo y el ejemplo a favor de la Igualdad, la No Violencia, la Justicia y la Inclusión. Sólo a través de estas actitudes podemos construir todos un futuro mejor.
Sin embargo, una mirada más atenta y contemplativa demuestra una realidad totalmente diferente. No existen dudas de que el siglo XX ha sido la época histórica que más cantidad de manifestaciones de violencia homófoba ha conocido: Deportaciones en los campos de concentración bajo el régimen nazi y en manos de la Unión Soviética, chantajes y persecuciones en los Estados Unidos en la época de McCarthy, el establecimiento de la Ley franquista de Peligrosidad Social en España (que encarcelaba a gays y lesbianas con la sola excusa de su orientación sexual), la segregación y persecución dentro de las filas de los ejércitos europeos y americanos, la denigración y humillación constante y militante por parte de las agrupaciones religiosas y a manos de las mismas autoridades de las iglesias centrales de los diferentes credos y la pena de muerte en muchos países del mundo (aún vigente en nuestros días). En nuestro país recordamos hoy los 400 homosexuales torturados y desaparecidos durante la última dictadura militar.
Aún hoy, ser gay, lesbiana, bisexual o transexual no es tarea fácil. Y no lo es en ninguna parte del mundo. Porque más allá de todas las expresiones de violencia física, verbal, ideológica o de censura contra la comunidad LGBT, hay un mal mayor, masivo e impune que afecta a la mayoría de los países del mundo siendo la Argentina un ejemplo claro. Esto es la humillación. Consideramos humillación a los actos denigratorios, muchas veces públicos, hacia el ser humano que atacan directamente a su propia dignidad. ¿Qué hay de humillante en ser gay o lesbiana? En realidad, nada. Es difícil, no obstante, para gays y lesbianas existir en un entorno en dónde términos como “puto”, “maricón”, “torta”, “pervertido/a” o “enfermo/a” son utilizados como moneda corriente para referirse a ellos. Expresiones de una homofobia concreta, en referencia al sexo anal como una degradación vergonzosa y una forma de dominación están siempre presentes en las hinchadas de fútbol, en los deportes y en los diferentes ámbitos de competencia social. Prejuicios y estereotipos que vinculan a la homosexualidad con el SIDA, el abuso sexual, la prostitución y la promiscuidad forman parte del colectivo imaginario de la mayoría de la población. La religión, en su versión más dogmática y extremista, condena la homosexualidad como un pecado “antinatural”, meritoria de ser eliminada, censurada y convertida en heterosexualidad “natural” a través de terapias de conversión que cada vez más alertan a las agrupaciones médicas de todo el mundo. La orientación sexual es pretexto muchas veces para negar o quitar empleos, oportunidades académicas o cualquier otra forma de contrato o acuerdo arrebatado por esta simple condición. No. Aún hoy, ser gay, lesbiana, bisexual o transexual no es tarea fácil.
Es quizás esa humillación silenciosa y escondida que hace que dos amantes gays sean incapaces de tomarse de la mano, darse un beso, un abrazo o cualquier manifestación de cariño en público sin despertar miradas de desprecio, desaprobación o disgusto, la más común que se debe enfrentar. Esto es posible en sociedades como la nuestra en que el machismo y el conservadurismo justifican siempre las actitudes homófobas, y la discriminación es recibida con una generalizada indiferencia y muy poca solidaridad. Y, en conjunción con esto, a veces parece que el reclamo por los derechos que le corresponden a la comunidad LGBT resulta molesto, incómodo, inapropiado y poco prioritario para gran parte del país.
La pelea por la igualdad de derechos civiles es otro tema fundamental sobre el que debemos reflexionar. Hoy en día la estamos viviendo en la Nación. Mientras la derecha más conservadora nos trata de desorientar hacia debates frívolos y superficiales como la etimología de la palabra “matrimonio” o el cuestionamiento a la posibilidad, existente y presente desde hace años, de que una persona homosexual sea capaz de criar un hijo; una nueva generación está tratando de sostener y difundir los principios de igualdad, libertad e inclusión que muy pronto serán plasmados en las leyes y códigos de nuestro país. A veces los argumentos antes mencionados son utilizados para segregar, para excluir legalmente y para constituir GHETTOS CIVILES en donde amontonar a los que son diferentes para no reconocerlos como pares iguales a los demás. La negación al reconocimiento social de la validez real de la pareja homosexual al mismo nivel que el de la pareja heterosexual es una barrera fundamental que debemos esforzarnos por quebrar en estos tiempos. Ninguna expresión de amor es mejor que otra. Ninguna persona es mejor que otra. Por eso se habla de obtener los mismos derechos y CON LOS MISMOS NOMBRES. Debemos entender que la pelea por las palabras, términos y expresiones legales está ligada inherentemente al reconocimiento social que ellas conllevan. Negar ese reconocimiento a la comunidad LGBT es un mensaje simbólico claro de que sus uniones jamás podrán tener la misma categoría, dignidad y validez que los matrimonios heterosexuales y que tampoco merecen el mismo nivel de respeto como personas. Esto es discriminar, se maquille como se maquille. Y discriminar, le pese a quien le pese, es violar Derechos Humanos.
Muchas veces, la inclusión de las minorías sexuales a la sociedad se encuentra cercenada por los mismos estereotipos y mensajes negativos con que los medios las reflejan. Vemos, incluso fuera del horario de protección al menor, estereotipos de hombres gays “afeminados” y lesbianas “machonas” por doquier. Vemos travestis y transexuales ligados permanentemente a la prostitución (realidad que a veces lamentablemente sucede, debido a que muy poca gente contrata a una mujer transexual o a un travesti). Vemos personajes excesivamente alegres, emocionalmente alterados y de capacidad mental dudosa como la norma ideal para caracterizar a una persona homosexual. Escuchamos en los noticieros crímenes ligados a miembros de la comunidad LGBT, en los que se enfatiza su condición de homosexuales para relacionarla a dichos crímenes. Los medios se esfuerzan demasiado por no retratar a una persona homosexual como un ser humano completo, racional, multidimensional y capaz. Siempre buscan la forma de distorsionar y censurar ese retrato para adaptarlo de alguna manera al estereotipo impuesto por el mismo medio social.
Hoy sabemos y tenemos que movilizarnos para hacer saber a quien aún no le llegó el mensaje, que no hay nada de malo en ser diferentes. Y esto no se logró de un día para el otro. Durante décadas, las agrupaciones médicas y psicológicas consideraban a la homosexualidad como un padecimiento, como un trastorno que debía ser tratado y propiamente curado. En la actualidad, agrupaciones conservadoras y religiosas siguen sosteniendo esta afirmación. Hoy es un día para pensar en ello y reflexionar sobre las múltiples formas bajo las cuales deberemos en el futuro cambiar esta situación. Hoy se conmemora y celebra el 17 de mayo de 1990, fecha en la que la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) suprimió definitivamente a la homosexualidad de la lista de las enfermedades mentales, con lo que se puso fin a casi un siglo de homofobia médica y de discriminación sistemática contra la comunidad LGBT. Ya en la década de los 70, la Asociación Psicológica Americana y la Asociación Médica Americana habían comenzado a impulsar la eliminación de la homosexualidad como trastorno, y hoy en día centenares de agrupaciones médicas, psicológicas, pediátricas y de bienestar social a lo largo del planeta están imitando esto. Celebrar este 17 de mayo supone reforzar la solidaridad con todas las lesbianas, gays, bisexuales y transexuales del mundo entero y reafirmar el compromiso con quienes, en cualquier parte, sufren las consecuencias de la Homofobia y la Transfobia. Es un llamado también de los que defendemos la verdad, la paz y la justicia a todas las naciones del mundo, incluido nuestro país, a inscribir este día en sus agendas oficiales y fechas conmemorativas.
No hay futuro posible si no estamos todos en su construcción. No hay democracia real en un país donde no se garantiza la igualdad plena de sus ciudadanos. No hay Derechos Humanos si estos no están directamente ligados al reconocimiento de derechos civiles y a la penalización correcta de la discriminación. Hoy la homofobia es la forma de discriminación más impune y libre a lo largo del mundo. Está incluida en los tratados internacionales, pero no ha sido aceptada en la mayoría de los diferentes países y Estados. Sería bueno que todos los actores sociales militemos en el futuro a favor de la Igualdad, dejando atrás concepciones medievales y formas de violencia que golpean día a día a la DIGNIDAD de los seres humanos con una determinada orientación sexual. Hoy es un día para abrazar la causa de los Derechos Humanos y Civiles, pilares fundamentales que deben sustentar cualquier sociedad democrática y plural. Los jóvenes de la Coalición Cívica ARI Mendoza queremos saludar además en este 17 de mayo a todos los compañeros a lo largo y a lo ancho del país que militan con el trabajo y el ejemplo a favor de la Igualdad, la No Violencia, la Justicia y la Inclusión. Sólo a través de estas actitudes podemos construir todos un futuro mejor.


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