Dondequiera que haya un gobierno que se apropie del esfuerzo de todos, habrá pobreza, desigualdad e injusticia social
La posibilidad de salir de la pobreza radica en que ningún gobernante de turno se apropie y deforme, los símbolos que hacen a la condición humana: dignidad, igualdad, respeto, integración social para vivir en comunidad.
Por eso, la lucha por la dignidad de las personas es el corazón de la lucha para terminar para siempre con la pobreza. Una persona digna es aquellas que tienen proyectos de mejora de su calidad de vida asociada con su comunidad. Es imposible pensar un país donde la supuesta justicia social se haga, avasallando las instituciones de la Republica, única garantía de permanencia de los derechos logrados.
Cuando decidimos allá por los noventas, en el MTD La matanza rechazar los planes asistenciales, no se entendía muy bien por que lo hacíamos y tampoco por que el odio de los “punteros” políticos hacia nosotros. En realidad estábamos cuestionando la matriz de dominación de los pobres que quedaban por fuera del sistema y eran una apetecible masa electoral para la construcción de poder en la Argentina. Darnos cuenta de esto, fue la fortaleza más importante que tuvimos.
Sostener que era posible una vida digna, a partir del trabajo como valor, rompía de cuajo el discurso “progresista” de la asistencia del Estado a los pobres que no se habían adaptados a los cambios estructurales de la economía del País, como única salida. En un país donde se producen 10 veces más alimentos, que la necesidad consumo de sus habitantes y haya niños desnutridos y con hambre es una inmoralidad. ¿Es responsabilidad de los empresarios o de los trabajadores que no producen bienes suficientes como para que millones de hermanos salgan de su situación de pobreza? ¿Es la desidia de los pobres que tienen oportunidades y no la aprovechan por vagos o indolentes? No, sin lugar a dudas por nuestra historia, y menos después de un crecimiento a tasas “china” que tuvo la economía en los últimos años.
El centro de los males esta en la política. De aquellos que en sus planes económicos avarientos priorizaron las ganancias de unos pocos, por sobre la condición humana del resto. Pero también de aquellos, que en nombre de la justicia social pisotean la dignidad de las personas con el único objetivo de apropiarse de los bienes de todos, sirviéndose del estado prebendarío. Medidas de gobierno importante para la distribución de los ingresos, como la asignación por hijos, quedan opacados por la cultura “clientelar”. Este es el punto medular. Cada ves mas, una sofisticada maquinaria clientelar trasforma a los ciudadanos en clientes, y a sujetos de derechos en “beneficiarios” para que la dominación instalada a cuenta gotas sea también la única salida de sobrevivencia, para siempre, quitándole al pobre su condición de semejante.
Derrotar al perverso clientelismo político, neoliberal o progresista, es la condición necesaria para pensar que en la argentina la pobreza sea un recuerdo del pasado. ¿Es posible? Sin lugar a dudas si. Para esto es necesaria una profunda transformación cultural donde los programas de desarrollo humano sean para la emancipación de los pobres y no para mantenerlos como fuerza de choque del gobierno de turno.
Toty Flores
Abril 2011
Por eso, la lucha por la dignidad de las personas es el corazón de la lucha para terminar para siempre con la pobreza. Una persona digna es aquellas que tienen proyectos de mejora de su calidad de vida asociada con su comunidad. Es imposible pensar un país donde la supuesta justicia social se haga, avasallando las instituciones de la Republica, única garantía de permanencia de los derechos logrados.
Cuando decidimos allá por los noventas, en el MTD La matanza rechazar los planes asistenciales, no se entendía muy bien por que lo hacíamos y tampoco por que el odio de los “punteros” políticos hacia nosotros. En realidad estábamos cuestionando la matriz de dominación de los pobres que quedaban por fuera del sistema y eran una apetecible masa electoral para la construcción de poder en la Argentina. Darnos cuenta de esto, fue la fortaleza más importante que tuvimos.
Sostener que era posible una vida digna, a partir del trabajo como valor, rompía de cuajo el discurso “progresista” de la asistencia del Estado a los pobres que no se habían adaptados a los cambios estructurales de la economía del País, como única salida. En un país donde se producen 10 veces más alimentos, que la necesidad consumo de sus habitantes y haya niños desnutridos y con hambre es una inmoralidad. ¿Es responsabilidad de los empresarios o de los trabajadores que no producen bienes suficientes como para que millones de hermanos salgan de su situación de pobreza? ¿Es la desidia de los pobres que tienen oportunidades y no la aprovechan por vagos o indolentes? No, sin lugar a dudas por nuestra historia, y menos después de un crecimiento a tasas “china” que tuvo la economía en los últimos años.
El centro de los males esta en la política. De aquellos que en sus planes económicos avarientos priorizaron las ganancias de unos pocos, por sobre la condición humana del resto. Pero también de aquellos, que en nombre de la justicia social pisotean la dignidad de las personas con el único objetivo de apropiarse de los bienes de todos, sirviéndose del estado prebendarío. Medidas de gobierno importante para la distribución de los ingresos, como la asignación por hijos, quedan opacados por la cultura “clientelar”. Este es el punto medular. Cada ves mas, una sofisticada maquinaria clientelar trasforma a los ciudadanos en clientes, y a sujetos de derechos en “beneficiarios” para que la dominación instalada a cuenta gotas sea también la única salida de sobrevivencia, para siempre, quitándole al pobre su condición de semejante.
Derrotar al perverso clientelismo político, neoliberal o progresista, es la condición necesaria para pensar que en la argentina la pobreza sea un recuerdo del pasado. ¿Es posible? Sin lugar a dudas si. Para esto es necesaria una profunda transformación cultural donde los programas de desarrollo humano sean para la emancipación de los pobres y no para mantenerlos como fuerza de choque del gobierno de turno.
Toty Flores
Abril 2011
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