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Bailando por un voto

No es una novedad la influencia que ejerce la televisión en nuestras vidas, de hecho forma parte del día a día cotidiano de cada familia, por ello es el medio más utilizado (junto con internet y las redes sociales) para comunicar, convencer e informar acerca de diversos temas.
Vivimos en la era del espectáculo, con un aire de farándula, buscando que todo lo que hacemos sea un show. La gente se interesa cada día más por los escándalos, o la vida intima de los demás, y cada vez menos por las cuestiones o problemas sociales. El individualismo de la posmodernidad nos lleva justamente a ese vacío, al fin de los grandes relatos, al desencantamiento de la política. Las personas se encierran cada vez más en su mundo privado y no participan en la comunidad, ni les interesa hacerlo.
Es por ello que los políticos de hoy tienen que adecuarse a las exigencias de la gente o a los gustos de la masa, la cual es la que consume lo que los medios les ofrecen, por ello es que los políticos se prestan a las reglas de juego impuesta por estos, y se venden a sí mismos como productos, se muestran como gente cómica, tratan de demostrar que son parte del pueblo, y que comparten sus costumbres, aparecen en programas televisivos como Tinelli bailando “reggeton”, o dejan que las personas conozcan sus vidas privadas. Los spots son verdaderos shows electorales, con música pegadiza, no ofrecen propuestas concretas, pero todos conocen los canticos que llevan su nombre y el de su partido.
Ya lo dice claramente Giovanni Sartori en su libro “Homo Videns: la sociedad teledirigida”: “La democracia ha sido definida con frecuencia como un gobierno de opinión (…) actualmente el pueblo opina sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar (…) la televisión condiciona fuertemente el proceso electoral ya sea en la elección de los candidatos, bien en su modo de plantear la batalla electoral, o en la forma de ayudar a vencer al vencedor. Además la televisión puede condicionar fuertemente las decisiones de gobierno…”.
Es por ello que los políticos gobiernan más dependiendo de los medios y la “opinión pública”, compitiendo por popularidad, más que atendiendo a las necesidades reales de la gente.
La competencia electoral reciente, a la cual todos asistimos, ha sido muestra fidedigna de esto: invasión de spots publicitarios, canciones pegadizas, búsqueda de identificarse con los sectores populares a través jingles cumbieros, etc.
De propuestas mucho no se dijo, solo ideas al aire a las cuales nadie podría oponerse: dar más trabajo, reducir la pobreza. ¿Quién no desea eso? El cómo, no se dijo nunca, pero lo que si vimos fue constantemente en televisión a los candidatos en una lucha feroz por captar votos, haciendo todo lo posible por obtenerlos.
Fue y es aberrante lo que se hace con la política, el arte de manejar la polis se ha vuelto un reality show. Lo que importa es la imagen y nada más, y la gente compra esta imagen fabricada, hecha a medida de los gustos de la mayoría pero para nada representativa de los intereses reales de estos políticos, que se esfuerzan cada día más en mostrar lo sucio que es estar en política.
Una triste realidad pero que todavía es posible cambiar. No hay q dejarse llevar por las grandes campañas, hay que tener el valor para cambiar “lo malo conocido” y darle la oportunidad a gente realmente comprometida, que aunque creamos que no existe, si está. Miles de jóvenes luchamos para cambiar la realidad, y también hay grandes dirigentes que trabajan en las sombras y realizan actividades sociales que realmente son de admirar pero no desean el reconocimiento. Hay que saber ver más allá de lo mediático, de lo banal, y participar, comprometerse con la realidad, porque nos guste o no, dependemos de la política, la política es la que nos permite comer, la que permite que funcionen los hospitales, la que permite que haya educación y escuelas. Citando nuevamente a Sartori: “saber de política es importante aunque a muchos no les importe, porque la política condiciona toda nuestra vida y nuestra convivencia. La ciudad perversa nos encarcela, nos hace poco o nada libres; y la mala política nos empobrece”.
Elisabeth Olivera
Militante Jóvenes Coalición Cívica ARI Mendoza

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